La comunicación como un camino hacia el desarrollo de las relaciones constructivas

El proceso comunicador es el camino diario en que todos nos embarcamos apenas sin ser conscientes de ello. Aquí estamos gestionando y manejando nuestras relaciones cotidianas, poniendo en  marcha un sinfín de conexiones y de interrelaciones…. cotidiano, automático, inconsciente, sin retorno….

En pocas ocasiones nos detenemos a identificar los resultados de nuestra comunicación o a solicitar un feedback. Sólo cuando el resultado alcanzado con nuestra comunicación es muy impactante nos paramos a identificar lo que está ocurriendo.   Entonces, cuando ese parón se da, nos asombramos positiva o negativamente en función del resultado obtenido. Analizamos si eso era lo que esperábamos o buscábamos… nos sentimos maravillados de los resultados agradables  y felices,  y “castigados” o “negativamente emocionados” de los resultados negativos. 

Cuando el proceso comunicador se pone en marcha conecta con todo lo que nosotros somos, en nuestra comunicación se identifican nuestros procesos internos. Sacamos hacia afuera todo lo que llevamos dentro, y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera somos conscientes de ello. Tal y como me comunico conmigo mismo, así es mi comunicación al exterior

Nuestras creencias, suposiciones, conductas y comportamientos aprendidos y valores condicionan lo que vemos y nos llevan a valorar o desestimar las situaciones, los comentarios y las cosas automáticamente, en un instante…. y en función de esto enviamos nuestra respuesta al otro.

Así nuestros mensajes contienen toda la carga emocional, calificadora y enjuiciadora de aquello que yo creo. Con esto me enfrento a las situaciones y pongo e incorporo todos los elementos para condicionar el mensaje enviado.

El Otro, el que es el receptor de mi mensaje, está en una situación muy similar a la mía… y recibe mi mensaje incorporando todos los elementos propios emocionales, calificadores y enjuiciadores.

Así los dos ríos se juntan y salta el estallido de las incomprensiones, los malentendidos, los daños emocionales, la rabia…  y también los resultados positivos cuando los dos ríos llevan componentes equilibrados.

ger.cometas.2.JPG

Así que nos damos cuenta de que un elemento de poder en nuestro resultado comunicador será el ser consciente de cada momento:

  • ¿Cuál es el objetivo de mi mensaje, qué es lo que quiero conseguir con el mensaje que “estoy enviando”, “voy a enviar”?

 Cuando esto  está claro, puedo reformar, adecuar, diseñar el mensaje al objetivo… y además me permite analizar el resultado. ¿Conseguí lo que buscaba? Si lo he conseguido identifico lo que he hecho como un potencial, como una fortaleza, puedo volver a utilizarlo cuando necesite alcanzar este resultado. Si no lo he conseguido, entonces ya sé que la próxima vez tendré que cambiar, hacerlo de forma diferente.

  • ¿Qué vocabulario he empleado?, ¿“palabras poderosas que empoderan al otro”?, ¿“palabras de juicio, crítica, adjetivos descalificativos que bajan la autoestima y las emociones del otro”?

 Sabemos que una palabra puede enviar al otro al “paraíso” o al “infierno”. Las palabras tienen un enorme impacto en el efecto causado por el mensaje. Cuando nos paramos a reflexionar, cuando pensamos antes de hablar, podemos elegir las palabras adecuadas para evitar el daño.

Vamos a identificar palabras de poder, que mantienen y suben la autoestima de la otra persona, que no van cargadas de juicios o presuposiciones, que permiten al otro solucionar, cambiar o mejorar.

Palabras concretas y específicas, que se focalizan a la situación o al hecho…” jamás a la persona”

  • ¿Cuál es mi mensaje no verbal?, ¿qué emocionalidad está comunicando mi cuerpo?,  ¿”mis gestos”? ,¿“mi mirada”?

La comunicación no verbal lleva en sí misma el impacto más poderoso del efecto del mensaje enviado. Nuestras emociones se comunican en un instante en una postura, una mirada, un gesto… 

Cuando las emociones son positivas, cuando valoramos al otro o creemos en él, cuando nos sentimos bien; nuestra corporalidad es acogedora, colaboradora, comunica confianza y promueve la confianza. Surge entonces una comunicación constructiva, los mensajes se interconectan y caminamos hacia la comprensión, conseguimos alcanzar los resultados que nos habíamos propuesto. 

Cuando por el contrario nuestra mente nos juega la mala pasada de hacer juicios de valor sobre la otra persona, cuando no la estamos valorando o no creemos en ella… entonces nos sentimos mal, nuestras emociones negativas nos delatan y el mensaje va cargado de animosidad, rechazo, desconfianza y el efecto en el otro es devastador. Se ponen en marcha un montón de emociones que hacen que nuestra comunicación no pueda fluir hacia una comprensión. Nos vemos incapaces de llegar allí dónde nos habíamos propuesto. 

Objetivo, mensaje y vocabulario, tres elementos que, si nos paramos a identificar con claridad, nos ayudarán a conseguir una comunicación que se focalice a las “Relaciones Constructivas”.

Begoña Torrellas Liébana

Formulario de contacto

Todos los campos son requeridos
googleeefc15db8cd75b61.html

Localización

Visítanos en
C/ Can Foradí, 3
Palma de Mallorca

©2017